La reforma sanitaria que tiene previsto firmar hoy mismo el presidente de EE UU, Barack Obama, le garantiza un lugar en los libros de historia.
Sin embargo, también puede ser el motivo de que a partir de ahora, hasta el fin de su presidencia, el ambiente en Washington y en toda la nación sea tan envenenado que le haga imposible avanzar en otros asuntos de su agenda.
La reforma podría costarle además la mayoría demócrata en el Congreso, y envalentonar a muchos candidatos que busquen su salida de la Casa Blanca, acusándole de "socialista", de aumentar el poder del Estado en una cuestión tan personal como la salud, y de poner al borde de la bancarrota ala nación y a sus generaciones futuras con el inmenso coste de estos nuevos cambios.
"Hemos demostrado que somos capaces de hacer grandes cosas cuando nos enfrentamos a nuestros retos más importantes. Hemos demostrado que este Gobierno, de la gente y para la gente, trabaja todavía para el pueblo", afirmó Obama tras la aprobación en la Cámara de Representantes -con 219 votos a favor y 212 en contra-el mayor cambio en la sanidad nacional en más de 80 años.
A partir de hoy mismo las aseguradoras no podrán excluir a sus clientes que enfermen ni poner un tope en las compensaciones que los pacientes reciban. Además, deberán incluir en la cobertura a los hijos de hasta 26 años de los beneficiados y tendrán que ofrecer medicina preventiva.
Consecuencias
En el 2013 las familias que ganan más de 200.000 dólares pagarán un impuesto adicional de un 1% y a partir del 2014 las aseguradoras no podrán rechazar la cobertura de personas con enfermedades de largo tratamiento, como el cáncer.
Unos 32 millones de estadounidenses deberán contratar los seguros que ahora no tienen -una medida que denunciará el Estado de Virginia- y el Gobierno subvencionará a los que no pueden pagarlos.
Obama cree que los beneficios inmediatos que reciban los ciudadanos mejorarán tanto su vida que en noviembre, cuando elijan a un nuevo Congreso y Senado, se habrán percatado de que la campaña de desinformación y miedo republicana era una estrategia política para no dar al presidente un triunfo de esta magnitud.
Por contra, los republicanos creen que cuanto más se conozca la ley, más impopular será, y que lograrán los 40 escaños que necesitan para oponerse a la agenda de Obama.
A FAVOR Y EN CONTRA
Avance social. La reforma sanitaria dará cobertura a 32 millones de ciudadanos que actualmente no pueden costeársela.
Coste. Los críticos dicen que la reforma hipoteca el futuro de la nación por su alto coste: 940.000 millones de dólares en 10 años.
Aseguradoras. Las compañías no podrán negar la cobertura a personas con enfermedades de largo tratamiento como el cáncer.
Intervencionismo. Los detractores acusan a Obama de aumentar el poder del Estado en una cuestión tan personal como la salud.
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